El Gobierno de Rajoy no sólo piensa en medidas de ajuste financiero para resolver de una vez por todas la crisis bancaria en España y que el crédito pueda volver a fluir. También pide insistir a la banca en el tijeretazo a las oficinas y los empleos, pese al enorme volumen de cierres y despidos que se vive en el sector desde 2009. En concreto, el Ejecutivo considera que otro 20% de las sucursales bancarias deben echar el cerrojo y otro tanto de sus plantillas totales. Además de este esfuerzo, las entidades deberán afrontar las nuevas exigencias de provisiones y no podrán contar con la creación de un banco malo para el suelo promotor, medida descartada ya por Montoro.
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