Sobre la amenaza de la deflación también habló Víctor Alvargonzález, director de análisis de Tressis, en un artículo en El Pais, donde señala que "la deflación en sí misma no es mala, limpia excesos del pasado. El problema es cuando este fenómeno se prolonga en el tiempo. El mensaje principal es que tasas de precios negativas son buenas para el ahorrador con un perfil más conservador y malas para aquellos que están dispuestos a asumir mayores niveles de riesgo en sus inversiones".
Subraya que “los ahorradores deben de tener en cuenta el concepto de rentabilidad real, es decir, la ganancia que se tiene tras descontar el aumento del IPC. Si las tasas de inflación fuesen negativas, aquellos ahorradores con un producto que les rentase un 2,8% tendrían realmente ese rédito más la pérdida de poder adquisitivo de la economía por la caída de los precios. En este contexto, es clave que los ahorradores adquieran productos que les garanticen una rentabilidad. Las personas que sea capaz de fijar a su dinero una rentabilidad, bien mediante la compra de un seguro de ahorro, o bien a través de la compra de deuda pública o de un fondo conservador, será la que mejor lo haga en un entorno deflacionista".
El experto de Tressis cree que la desinflación o la deflación, a corto y medio plazo, son buenas para la renta variable porque obligarían al Banco Central Europeo a usar todas las herramientas que están en su mano para lograr la estabilidad de precios. "Y ya hemos visto en EEUU con qué subidas han respondido las acciones de las compañías estadounidenses a la terapia de choque aplicada por la Reserva Federal, que ha inundado de liquidez el mercado. Si la deflación se perpetuase en el tiempo, en cambio, las Bolsas lo pagarían caro. El mejor referente para saber cómo reaccionan los mercados con una deflación que se enquista es Japón. Se produciría un estancamiento económico porque las decisiones de consumo se retrasarían –mañana se puede comprar más barato que hoy-, los ingresos de las compañías se resentirían y éstas responderían con bajadas de sueldos, que a su vez se traducirían en un menor consumo... Todo un círculo vicioso".